Mirtha Isabel de 30 años es una joven madre de un enfermizo niño de 4 años. Junto a Miguel, su marido conviven diariamente con la preocupación y la incertidumbre.
El costo del alquiler, las cuentas vencidas y los gastos del hogar la agobian permanentemente. Hace cuatro años Mirtha trabajaba cómodamente en un peluquerÃa, tenÃa un pequeño salario y una casa en Capiatá.
Sin embargo a medida que crecÃa su pequeño hijo, su salud iba deteriorándose. Entre idas y venidas a hospitales. Mirtha descuidó su trabajo al punto de tener que dejarlo. El matrimonio debió realizar prestamos e hipotecar la pequeña casa que tanto esfuerzo les costó obtenerla, para cubrir los gastos médicos. La salud del niño empeoraba, necesitaba de la atención paciente y constante de la madre. Mirtha no tuvo mas remedio que quedarse en la casa y no salir a trabajar.
Mirtha y Miguel debieron dejar su casa y mudarse a Fernando de la Mora en busca de oportunidades. Actualmente viven en una vivienda alquilada, él trabaja en un taller mecánico sin un salario fijo, y ella lava las ropas a los vecinos.
A través de una amiga, Mirtha se enteró de los cursos del Centro de Capacitación Vigilantes de MarÃa. Apenas con el tercer curso concluido no tenÃa muchas posibilidades de progresar en un trabajo independiente. Mirtha decidió probar suerte inscribiéndose en el Curso de PanaderÃa y ConfiterÃa que dicta la fundación.
 Mirtha fue aprendiendo la técnica para cocinar ricos panes, tortas y pandulces. A finales del año pasado decidió poner en práctica lo estudiado. Para las fiestas de fin de año Mirtha preparó 150 pandulces de Navidad cocinándolos en un pequeño horno, los vendÃa en el barrio y en los alrededores. Los resultados fueron muy positivos, logró entregarlos todos. Pagó una parte de su deuda y por sobre todo recuperó la confianza en sà misma y a plantearse un nuevo desafÃo, cocinar medialunas y otras masas para volver a venderlas.
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