FAMILIA ESQUIVEL
Beneficiarios de las Becas Escolares 2009 - J.A. Saldívar, Dpto. Central
Ángel Antonio, María Magdalena y Ángel Arturo, son hermanos apoyados con las becas escolares 2009 otorgadas por padrinos de Dequení.
Sus papás, Osvaldo y Mabel Esquivel son agricultores, viven en una pequeña vivienda rodeada de una vasta plantación de todo tipo de verduras, en la zona de J. Augusto Saldívar (Departamento Central).
Ángel Antonio, el mayor de los hijos tiene hoy 11 años, asiste al igual que sus hermanos a la Escuela San Rafael, en el kilómetro 26 de la Ruta 1, distante a unos 2 kilómetros de su casa. Cursa el quinto grado y su maestro, Víctor Silva tiene 27 alumnos y más de 15 años en la docencia. Para este maestro las becas escolares son un apoyo muy importante para sus alumnos “Puedo individualizar quién recibe becas porque completo periódicamente los informes de la fundación y siento que estos niños se esmeran más en clases, cuidan más de sus cosas, creo que este apoyo es muy importante. Ángel es un niño tranquilo, amigable y con mucho talento para dibujar”.
Antolina Franco es la maestra de la pequeña María Magdalena o “Chapi”, como la llaman con cariño, ella asiste al 3er. grado y comparte el aula con otros 35 inquietos alumnos de su edad “Chapi está un poco floja en lectura oral, dictado y matemáticas y le pedí a la gente de Dequení que me ayude con el refuerzo. Su mamá trabaja todo el día y conmigo está sólo 4 horas. En el aula son muchos alumnos y es difícil que pueda acompañar a todos muy de cerca”. Para reforzar sus estudios Chapi asiste cada martes y jueves, en horas de la tarde, al Centro Comunitario de Dequení.
Hace 4 años este Centro Comunitario inició sus actividades en el Barrio 3 de Febrero de J.A. Saldívar, 219 niños y niñas actualmente están becados por padrinos de Dequení. Doña Nidia Estigarribia es la Presidenta del Comité que conforman 12 madres voluntarias que sienten un gran compromiso con las familias de la zona: “aquí tenemos familias muy humildes y con muchos hijos, que si antes lograban ingresar a la escuela, asistían apenas con 2 o 3 cuadernos, pero ahora están más tranquilos, reciben el uniforme, los útiles, el apoyo escolar y así es mucho más difícil que dejen la escuela”.
Pero los padres y madres de estos niños también deben cumplir con la responsabilidad de visitar periódicamente la escuela para realizar el seguimiento escolar y conocer el rendimiento educativo de sus hijos “ellos cumplen con el seguimiento escolar y así nosotros podemos tener mucho control de cómo están allá” afirma Doña Nidia. También los padres se organizan con el servicio de almuerzo “tres padres ya están comprometidos durante todo el año para preparar los alimentos del comedor”.
Mientras los niños asisten a la escuela, Osvaldo y Mabel Esquivel trabajan duramente en la “chackra” o en las plantaciones lechuga, cebollas, perejil, acelga, todo tipo que hortalizas que luego son comercializados para proveer a los supermercados de la capital. Se levantan al clarear y terminan la jornada bien entrada la noche. Para ellos, la ayuda que reciben de los padrinos de Dequení para que sus hijos puedan estudiar es muy importante: “creo que no podríamos mantenerlos en la escuela si no teníamos esta ayuda”. Mabel asiste regularmente a las reuniones del centro comunitario y asegura que para lograr las becas asistió durante un año esperando esta oportunidad.
En los meses de febrero y marzo que coincide con el inicio de clases son los más duros para la familia Esquivel: “nuestras verduras bajan de precio en el mercado, tenemos que sacar créditos con la cooperativa para comprar semillas, abono. Apenas empatamos para pagar el préstamo y cubrir la comida de la casa”. Por eso las becas escolares parecen dar un respiro para estos padres de familia. “el mayor de nuestros hijos pronto pasará al 7º y nosotros ya estamos preocupados de cómo vamos a continuar con sus estudios”
Mabel, pudo asistir a la escuela hasta el 6º grado y su marido Osvaldo llegó al 3º. Ninguno ha concluido la escolar básica. Desde muy pequeños ayudaron a sus padres a cultivar la tierra: “creo que desde los 8 ya estábamos trabajando” afirma Mabel. Ambos son oriundos de la zona, sus familias trabajan en la producción de verduras desde que tienen memoria.
“A mis hijos no les gusta cultivar la tierra, el mayor nos dice – no queremos trabajar ahora, nosotros queremos estudiar, yo no quiero sufrir lo que ustedes sufren – él es chico aún, tiene 11 años nomás pero ya sabe que si va a la escuela puede tener una oportunidad diferente”.