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16 octubre 2026Fundación Dequení celebró la quinta edición del Reconocimiento Profes que dejan Huellas, distinguiendo a 12 docentes de distintas localidades del Paraguay y otorgando dos menciones especiales. Fue una mañana de emociones, testimonios y gratitud, que nos recordó que enseñar es mucho más que transmitir conocimientos: es confiar, acompañar y abrir oportunidades para toda la vida.
El martes 20 de octubre, el Salón Auditorio de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) en Asunción reunió a docentes, familiares, estudiantes, representantes de instituciones públicas y organizaciones aliadas para celebrar una de las vocaciones más importantes para el futuro de nuestro país: la docencia.
Llegaron desde distintas comunidades del Paraguay, algunos después de recorrer largas distancias. Cada uno traía una historia de esfuerzo, compromiso y amor por la enseñanza. Y también la emoción de descubrir que alguien había decidido contar su historia para agradecerle públicamente.
En esta quinta edición, Fundación Dequení recibió 180 postulaciones provenientes de cerca de 50 localidades del país. Estudiantes, exalumnos, familias, colegas y miembros de comunidades educativas compartieron experiencias de docentes que dejaron huellas en sus vidas.
De esas historias surgieron los 12 docentes reconocidos en 2026 y dos menciones especiales.
Enseñar a comprender, pensar y expresar
Este año, el Reconocimiento Profes que dejan Huellas estuvo dedicado especialmente a quienes enseñan a comprender lo que se lee, escribir lo que se piensa y expresar lo que se siente.
En su mensaje institucional, Melanie Reckziegel, directora ejecutiva de Fundación Dequení, destacó el valor de estos aprendizajes fundamentales, que permiten a niñas, niños y adolescentes comprender mejor el mundo, desarrollar sus propias ideas y encontrar su voz.
“Detrás de una niña que descubre el significado de sus primeras palabras, de un adolescente que aprende a expresar sus pensamientos o de un estudiante que logra superar sus dificultades, hay docentes que acompañan con paciencia, entusiasmo y confianza”.
La ceremonia permitió reconocer ese trabajo cotidiano, muchas veces silencioso, que transforma vidas y abre caminos hacia nuevas oportunidades.
Las voces de los protagonistas: emoción, vocación y gratitud
Uno de los momentos más significativos del encuentro llegó cuando los docentes recibieron sus reconocimientos y compartieron lo que significaba para ellos aquella distinción.
Sus palabras fueron tan diversas como sus historias, pero coincidieron en algo esencial: el reconocimiento también pertenecía a sus estudiantes, familias y comunidades educativas.
Para Zulma Pereira, docente de Colonia San Juan, San Pedro, la distinción llegó después de 29 años dedicados a enseñar y a pocos pasos de su jubilación.
«Ser maestra es mi orgullo más grande. Dejar una huella en nuestros alumnos es lo más hermoso que existe. Este premio representa mi mejor y mayor jubilación. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?», expresó emocionada.
La profesora Petrona Celestina Acosta, conocida como la profe Celeste, de Ayolas, Misiones, recordó a un estudiante que llegó desde Asunción y necesitó acompañamiento para adaptarse a su nueva escuela y aprender guaraní. Aunque hoy está jubilada, continúa sirviendo a su comunidad desde otras responsabilidades.
«Si volviera a nacer, volvería a elegir la docencia una y otra vez, porque lo llevo en el alma».
También hubo testimonios que invitaron a mirar las dificultades que enfrentan docentes y estudiantes en distintas realidades del país.
Cirilo Mazacote, de la Escuela Básica N.º 10.260 Banco Yparaguaymi, en Arroyos y Esteros, Cordillera, habló de los desafíos de enseñar en una comunidad aislada, donde muchas veces faltan servicios esenciales como agua potable y energía eléctrica.
Con humildad, dedicó el reconocimiento a sus estudiantes y expresó su deseo de ofrecerles mejores oportunidades.
«Ellos merecen contar con condiciones básicas dignas y recibir lo mejor que la educación puede brindarles para construir su porvenir».
La educación que incluye, escucha y transforma
La inclusión, la empatía y la capacidad de escuchar estuvieron muy presentes en los testimonios.
Mirian Cañete, docente de Asunción, compartió su experiencia acompañando a estudiantes neurodivergentes y destacó la importancia de encontrar estrategias para que todos puedan aprender y participar.
«Siento que este premio se lo entregan a mis alumnos, porque ellos son los verdaderos protagonistas».
Y recordó uno de los momentos que más la emocionaron: «A mí me llena el corazón ver hoy a mi alumno neurodivergente bailar en el escenario como un verdadero profesional».
Desde Pilar, Ñeembucú, Cynthia Estigarribia reafirmó su compromiso con la innovación y la educación inclusiva. Contó que sus estudiantes de quinto grado, de «Divertidamente Quinto», están trabajando en la creación de un libro inclusivo.
«Reconocimientos como este nos impulsan a seguir entregando lo mejor de nosotros», expresó.
Para Rita Mabel Báez Fernández, también de Pilar, enseñar comienza por comprender la realidad de cada estudiante.
«Educar significa exactamente eso: primero cuidar el corazón que tenemos en nuestras manos; después vienen las tareas».
Una reflexión que recordó que, antes de cualquier aprendizaje, hay una persona que necesita sentirse acompañada.
La profesora Mirna Jara también habló de esa responsabilidad. Sus estudiantes, cuya lengua materna es el guaraní, realizan un gran esfuerzo para aprender castellano. Pero sus desafíos no terminan allí: muchos enfrentan situaciones familiares y personales que requieren especial atención.
Su testimonio recordó que enseñar también implica escuchar, contener y reconocer las necesidades que los niños no siempre logran expresar.
Esa misma convicción estuvo presente en las palabras de Celia Noemí Martínez de Acuña, de Pilar, Ñeembucú, quien lleva 23 años dedicada a la docencia.
Celia compartió una experiencia que resume su manera de entender la educación: durante un taller, un participante le confesó que era la primera vez que, en un espacio académico, tenía la oportunidad de expresar sus sentimientos.
«Nuestra misión esencial es esa: generar espacios humanos de escucha, reflexión y aprendizaje mutuo».
Inspirada en Paulo Freire, reafirmó una convicción que seguirá acompañándola incluso después de jubilarse: «Quien se atreve a enseñar, nunca debe dejar de aprender».
Aprender también es descubrir a los demás
Algunas de las experiencias compartidas mostraron que la educación puede trascender las paredes del aula y convertirse en una oportunidad para transformar comunidades.
Gregorio Narváez, docente del Colegio Campo Verde, de Concepción, relató cómo sus estudiantes secundarios participaron como voluntarios en una iniciativa de TECHO que permitió construir dos viviendas de emergencia en el asentamiento San Miguel.
Para él, aprender a reconocer las necesidades de otras personas y comprometerse con la comunidad también debe formar parte de la educación.
«En una época donde las pantallas y los celulares nos absorben y nos aíslan, es indispensable enseñarles a mirar a su alrededor y ser sensibles ante las necesidades de los demás».
Desde Coronel Bogado, Itapúa, Lucía Castellano recordó que enseñar no consiste únicamente en aprender a leer, escribir o sumar, sino en formar personas capaces de utilizar esos conocimientos a lo largo de sus vidas.
Con emoción y humor, compartió lo que suele decirles a sus alumnos:
«Aquí tengo a mis futuros doctores; cuando sea abuelita iré a consultar con ustedes, así que tengo que tenerles paciencia ahora para que después ustedes me tengan paciencia a mí».
Al despedirse, eligió hacerlo también en guaraní, recordando que la labor docente deja huellas imborrables en el corazón de los niños.
Una vocación que permanece toda la vida
Para algunos docentes, el reconocimiento llegó cerca del final de su trayectoria laboral, pero no de su compromiso con la educación.
Lida Morel, quien acompaña a jóvenes y personas adultas en sus procesos de aprendizaje, recordó una enseñanza de su madre:
«La vocación de educador se lleva hasta el final de la vida y es algo que nadie nos puede quitar».
A pocos pasos de jubilarse, expresó que este era el mayor reconocimiento que se llevaba en el corazón. Agradeció especialmente a la estudiante que la postuló, porque su gesto le permitió descubrir cuánto había significado su acompañamiento.
La profesora Carmen Cristaldo también puso palabras a una realidad compartida por muchos educadores: el esfuerzo cotidiano que no siempre recibe reconocimiento público.
«Que exista una institución que valore con tanta generosidad la labor del magisterio significa muchísimo».
Sus palabras reflejaron el sentido profundo de aquella mañana: hacer visible una vocación que se construye día a día, entre desafíos, aprendizajes y pequeños logros que pueden cambiar una vida.
Dos menciones especiales que también dejaron huellas
La celebración incluyó dos menciones especiales que dieron cuenta del cariño y la gratitud que despiertan los buenos docentes.
Una de ellas fue para Adam Agüero Brizuela, de la Escuela Básica N.º 3650 San Francisco de Asís, de Fernando de la Mora, quien recibió 40 postulaciones. Una expresión extraordinaria del reconocimiento de las familias hacia su trabajo.
La otra fue un reconocimiento póstumo a la profesora Elvira Villagra, impulsora de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción. Su trayectoria abrió oportunidades para la formación de profesionales y dejó un legado que permanece vivo en sus estudiantes y colegas.
Cinco ediciones y cientos de historias
Con los 12 docentes distinguidos este año, el Reconocimiento Profes que dejan Huellas alcanza 52 docentes reconocidos en cinco ediciones, a partir de alrededor de 900 postulaciones recibidas a lo largo de su historia.
Detrás de cada postulación hay alguien que recuerda a un docente, reconoce lo que hizo por su vida y decide compartir esa experiencia para que otras personas también la conozcan.
Esta quinta edición contó con el compromiso de un Comité Evaluador integrado por 13 referentes de distintos ámbitos: María del Carmen Giménez Sivulec, Rossana Martínez, Jorge Davyt, Patricia Toyotoshi, Sara Moreno, Eduardo Gómez, Antonia Villalba de Molas, Fátima Osorio, Norma, Ramón, Beltrán Macchi Salin, Ana Mello y Desiré Esquivel Almada.
Fundación Dequení agradece especialmente su tiempo, dedicación y sensibilidad para conocer y valorar las historias de los docentes postulados, considerando su impacto, capacidad de generar cambios positivos, superación de adversidades y trayectoria inspiradora.
La iniciativa recibió declaraciones de interés del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS), Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (MINNA), Instituto Nacional de Educación Superior (INAES) y Secretaría Nacional de la Juventud (SNJ).
Asimismo, contó con el valioso apoyo de la Asociación Central de Funcionarios Públicos y Docentes Jubilados del Paraguay, Fundación En Alianza, Fundación Itaú, Pacto Global Paraguay y Unión Industrial Paraguaya (UIP).
¡Gracias a todos los Profes que dejan Huellas en nuestro Paraguay!




