
“Tiempo al tiempo: la historia de Rodrigo y su camino de superación”
28 diciembre 2025
«Volví a empezar con Ximena» – Gabriela, mamá
30 diciembre 2025Augusto (8 años) creció en un tiempo particular. Sus primeros años estuvieron marcados por el aislamiento de la pandemia Covid-19, un período en el que el juego compartido, el contacto con otros niños y la socialización cotidiana quedaron suspendidos. Cuando llegó el momento de incorporarse a la escuela, ese primer encuentro con un grupo grande representó un desafío importante, tanto para él como para su familia.
Desde casa, su mamá Dora acompañó cada paso con dedicación y constancia. La rutina diaria, el diálogo permanente y la atención fueron pilares fundamentales en su crianza. Sin embargo, el desafío más grande apareció al momento de socializar: aprender a relacionarse, a compartir espacios y a convivir con otros niños después de tanto tiempo de encierro.
El ingreso a la escuela marcó un antes y un después. Augusto llegó con timidez y con algunas dificultades en la convivencia con niños más pequeños y con reacciones propias de un proceso de adaptación que necesitaba tiempo, contención y comprensión. Fue allí donde el acompañamiento de la institución y el trabajo del proyecto Ludolecto de Dequení comenzaron a abrir nuevos caminos.

A través del juego, Augusto encontró un espacio seguro para expresarse, aprender y vincularse. Las actividades lúdicas no solo fortalecieron sus habilidades de lectoescritura —que desde muy pequeño se manifestaron con naturalidad—, sino que también se convirtieron en una herramienta clave para su desarrollo emocional y social. Jugando, aprendió a respetar turnos, a escuchar, a trabajar en equipo y a mirar al otro con mayor empatía.
Con el paso del tiempo, los cambios se hicieron visibles. Augusto empezó a integrarse con mayor facilidad, a dialogar con sus compañeros y a desenvolverse con confianza en actividades grupales. Hoy se relaciona con niños de distintas edades, muestra interés por aprender de los demás y disfruta compartir lo que sabe, incluso replicando en casa los juegos y aprendizajes con sus primos y familiares.
“Llega a casa siempre muy motivado, comenta sobre las dinámicas que realizan con Ludolecto y les enseña a sus primos sobre los juegos que realizan”, comenta, Dora su mamá.
Jorge, profesor de aula de Augusto, resalta la importancia de Dequení en su escuela: “Este apoyo que nos da Fundación Dequení es demasiado importante porque podemos concretar nuestros objetivos como docentes y sobrellevar las actividades diarias en el aula, ayuda mucho a los estudiantes en la parte actitudinal. Gracias a eso Augusto logró desenvolverse en el trabajo en equipo, integración grupal y aprende nuevos valores a través de los juegos”.

En Ludolecto, Augusto no solo aprendió a leer y escribir, aprendió a compartir, a expresarse y a construir vínculos sanos”. Con mucha alegría, Augusto nos comenta cuáles son sus juegos favoritos: “atrapar las palabras con el vaso y formar frases”.
El mayor sueño de Dora para él es simple y profundo: que sea un niño responsable y respetuoso con las personas, los animales y la naturaleza, pero sobretodo, que sea un niño feliz.
Conocé más historias como la de Augusto en nuestras redes. Sumate apoyando los proyectos de Dequení. Podés escribir a Cinthia Sánchez, coordinadora de proyectos, a: csanchez@dequeni.org.py




